La reina de los elementos
- 24 jul 2016
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Mickaela acababa de descubrir sus poderes luego del incendio de su casa. Aún no podía creer que ella tuviera el poder de controlar el fuego, pero con el paso del tiempo, se fue dando cuenta de que podía controlar los cuatro elementos de la tierra, que, al pensarlo ahora, es casi imposible.
En fin, Mickaela, o Mickey, como solían llamarla sus amigos, iba a una escuela normal, con chicos normales y una amiga muy peculiar, que, al igual que ella, no tenía nada de normal. Su nombre era Sophie y era una Draki, una protectora, y tenía la misión de proteger a Mickaela.
Los días para Mickey y Sophie eran muy duros, debido a que todos los días, después de clases, se dirigían al gimnasio a entrenar, para luego combatir cuerpo a cuerpo, hasta quedar exhaustas.
Pasaron los días, en donde Sophie y Mickey solo se llenaban de un mal presentimiento. Por las noches, extraños sueños llenaban sus mentes, haciéndolas temer aún más. Cada día la pesadilla se hacía más real y próxima, asechándolas. Unos constantes ojos negros e intensos sacudían la mente de Mickey y no la dejaban en paz.
Los días fueron transcurriendo con rapidez, y estos cada vez se hacían más pasajeros, por lo que las chicas dejaron de preocuparse de ellos. Hasta ese día.
Las chicas salían tranquilamente de casa. Al lado de su casa se encontraba un jeep negro, que causaba gran curiosidad a Mickaela, ya que no se veían muchas personas nuevas en el vecindario. Pero sin embargo, siguieron caminando.
Al llegar a la escuela todas las chicas susurraban. Mickaela y Sophie no podían entender que era lo que pasaba, o así era hasta que se dieron vuelta. Frente a ellas se encontraba el mismo auto que habían visto en la mañana. De este salieron cuatro chicos muy llamativos, pero el que más llamó la atención de las chicas fue el último en salir. Alto, atlético, con cabello castaño y unos intensos ojos negros. Era el chico de sus sueños. Mickey y Sophie se tensaron en el momento en que lo vieron. Sus pesadillas se hacían reales. Este misterioso chico las miró con arrogancia, por lo que Sophie tomó la mano de Mickaela y la sacó de aquel hostil lugar.
El tiempo fue pasando, y Mickey se sentía cada vez más atraída hacia este chico. Pero sucedió algo que la hizo cambiar totalmente de opinión.
Mickaela caminaba tranquilamente por los pasillos cuando encontró una escena muy peculiar. Los cuatro bien conocidos chicos rodeaban a una chica. La curiosidad le ganó a Mickey, y se escondió detrás de un bote de basura para no ser vista.
-Vaya, vaya- dice el que parecía ser el líder del grupo- ¿Qué tenemos aquí?
-¡Suéltenme!- dijo la chica
-Parece que el angelito tiene agallas- dijo un castaño con sonrisa cruel.
- Suéltenme- Repitió la chica con voz rota
-Vamos cariño, no te resistas- dijo el chico de los intensos y negros ojos.
En ese momento, un fuerte sonido resonó por todo el pasillo. La chica agarraba su sonrosada mejilla. Se veían sus llorosos ojos. Era Sophie. Mickaela al darse cuenta de eso salió de su escondite y corrió al rescate de su amiga.
-Suéltenla, ahora- dijo firme Mickaela.
-Parece que la pequeña quiere jugar- dijo el chico de los sueños
-Juguemos- dijo el líder
Mickaela dejó que sus poderes salieran a flote. Comenzó a formar aros de fuego, que fueron esquivados fácilmente por sus atacantes.
Sophie, por otro lado luchaba cuerpo a cuerpo con dos de los atacantes. Sus intentos de proteger a Mickaela parecían en vano. Se iba debilitando. Los cazadores habían logrado encontrar su punto débil, la separación.
Mickaela ya había derrotado a sus oponentes, pero en un movimiento en falso fue atrapada, dejándola totalmente inmovilizada.
Todo pareció pasar en cámara lenta. Uno de los atacantes empuñó una espada, y lentamente la hundió en el cuerpo de Sophie. Un gran grito salió de los labios de Mickaela.
Esto desató totalmente la furia de Mickaela, quien se entregó a la oscuridad de sus poderes. Sus ojos se llenaron de ardientes llamas, que fueron consumiendo su alma.
-Lamentaran haberme conocido- dijo con una voz ronca Mickaela
De sus manos comenzaron a salir llamas, que fueron destruyendo todo a su paso, dejando todo en la más fría ruina.
En ese momento, al dejarse llevar por la oscuridad, Mickaela fue poseída por la maldad, por el dolor, que la llevaron a ser la Reina de los Elementos.
Fin

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