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"Columbia" (Parte I)

  • 12 jul 2016
  • 4 min de lectura

Booker de Witt era un hombre perdido en la soledad y el alcohol, debido a que casi 20 años atrás había vendido a su hija por los grandes problemas económicos que pasaba por esos días. Como era de esperar, Booker se arrepintió al instante de su decisión. Lo único que podía escuchar en su cabeza, eran las frases del hombre delgado y formal que se había llevado a su hija, cuyo nombre era Robert Luttece. Decía una y otra vez «Danos a la chica, y saldarás tu deuda»

El momento en que De Witt logra alcanzar a un Robert que se había escabullido en un callejón, se encuentra con dos nuevas personas, un señor de avanzada edad con una larga barba y una mujer muy parecida a Robert.

Al encontrar a su hija, Booker forcejea con el anciano, que se encontraba frente a un portal de otra dimensión. El hombre intentó hace lo imposible por recuperar a su hija. Después de forcejear, Booker toma a la pequeña por instante, antes de que se la vuelvan a arrebatar nuevamente, segundos antes de que el portal se cerrara, y se llevara consigo a su hija y a los demás. El único indicio de que habían estado allí, fue el pequeño dedo del bebé, que había quedado atrás.

El tiempo pasó, Booker se hundió nuevamente en los problemas económicos y su casa era un chiquero al que nadie le gustaría entrar. Se quedó solo, y en los siguientes 20 años, no recordaba absolutamente nada de lo que había ocurrido.

Hasta ese momento, todo iba normal, hasta que un día alguien tocó la puerta de su casa.

— ¿Quién será?—murmuró Booker— Otra vez los de la renta, supongo.

Pero no, era Robert, que venía con una misión para él.

—Tráenos a la chica y saldarás tu deuda.

Booker, sin pensarlo dos veces, aceptó. Robert le dio una caja con unos códigos extraños, una foto de la chica y una pistola. Para comenzar un largo viaje, Luttece se dirigió al muelle en un lluvioso día junto con Booker. Al llegar al muelle, está esperándolo la misma mujer de hace 20 años, más él no la recordaba. La extraña y joven mujer se llamaba Rosalind Luttece, hermana gemela de Robert.

Tras un largo viaje en bote, los hermanos Luttece dejaron a Booker en un gran faro abandonado. Al llegar ahí, Booker empezó a inspeccionar el lugar, hasta que al final de la torre encontró una silla muy extraña. Booker decidió sentarse, y en cosa de segundos, la silla lo atrapó y se formó una especie de cápsula alrededor de ésta. La cápsula era una especie de nave, la cual se elevó por los cielos hasta llegar a una hermosa ciudad en el cielo, tal como un ascensor. En la entrada de la ciudad, decía "Bienvenidos a Columbia".

Al salir de la cápsula, Booker apareció en una iglesia con ideologías muy distintas a las comunes. Su frase era "Ni Dioses, Ni Reyes. Sólo el hombre", y arriba de esta frase, había una gigantesca estatua de su fundador: Comstock, que resultó ser el mismísimo anciano del callejón. En esta ciudad, todo era perfecto, era un claro ejemplo de utopía.

Booker al ver esto, quedó sorprendido, pero estaba ahí por una misión: encontrar a la chica. Booker preguntó a una especie de sacerdote que se encontró al entrar a la iglesia:

—Disculpe señor. ¿Qué está pasando aquí?— preguntó.

— ¡Ah, hermano! ¿Vienes a redimir tus pecados y olvidar tus pensamientos impuros?—preguntó el sacerdote, con voz ceremonial.

—No señor, sólo quiero seguir adelante en mi camino.

—Pues esta es la única manera para poder entrar.

—Si no hay de otra…Que más da— dijo Booker.

Al instante, el sacerdote hundió su cabeza en una pila de agua bendita, tomándole la cabeza fuertemente y ahogándole.

Booker se zafó como pudo y se dirigió a la salida más cercana. Estuvo a punto de caer por una especie de acantilado en aquella ciudad flotante, hermosa y utópica. Todo era perfecto, tranquilo y limpio.

El patio de la iglesia estaba adornado por muchas estatuas de grandes personajes de la historia de Estados Unidos. Al ver esto, Booker dijo:

— ¿Quién habrá pintado esto de manera tan fantástica? Este lugar cada vez es más raro. Mejor iré a buscar de una vez por todas a esta chica. Espero que esté cerca.

Booker fue rumbo al lugar donde estaba aquella chica, lo que no sabía era que la chica (que era la hija que había dado hace ya 20 años), se encontraba encerrada en una gran torre de metal la cual estaba protegida por un pájaro de aluminio que rondaba la torre día y noche.

Al caminar, Booker por esta ciudad maravillosa, encontró a un comerciante, que vendía una especie de tónicos que otorgaban poderes especiales.

—Dame una de estas cosas… ¿Tónicos?— dijo al comerciante.

—Por supuesto, pero quizás pueda dolerte un poco.

— ¿Qué?— dijo bebiendo el último sorbo del tónico.

Al instante, comenzó a sentir un gran calor en sus manos. De un momento a otro, Booker se encendió como una antorcha, y descubrió que podría controlar el fuego y lanzar grandes bolas explosivas.

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2016, Colegio Cholguán. Región del Bio Bío, Provincia de Ñuble. Yungay, Chile

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