top of page

"Dragones"

  • 7 jul 2016
  • 3 min de lectura

Al nacer, nacemos con alas, cola, escamas y una fuerza descomunal. Pero a la vez, nacemos sin alma, por eso estoy en la búsqueda de una.

Nosotros, los dragones, cuando nacemos, nos encargan un alma a quién cuidar, pero yo fui un caso aparte, pues cuando pequeño, nací sin fuego. Y un dragón sin fuego, es un dragón sin honor. Por esto me desterraron del clan, y ya no me gobierna nadie, así que, ¿por qué no buscar una ahora?

Lo primero es lo primero; debo buscar un lugar donde hallarla.

Podría ser en algún pueblo, o en algún castillo quizás, pero por esta zona no se encuentra eso tan fácil, ya que los humanos (almas), nos temen. Bueno, la mayoría. Y yo quiero encontrar alguno que no sea miedoso, que sea valiente, fuerte, etcétera. Uno ejemplar.

Pero para esto debe tener una conexión conmigo, debemos comunicarnos y entendernos a la vez.

Al pasar el rato, encontré un pequeño pueblo, en donde podía observar desde las alturas a un ser que me interesó bastante.

Era fuerte, valiente, un ejemplo a seguir. Me acerqué mucho más, estaba conversando con otros de su manada.

—¿Ustedes creen que en la batalla de las tinieblas podremos vencer?

—Yo creo que sí

Y el humano volvió a hablar:

—Claro que ganaremos, si estoy yo para cortar algunas cabezas.

Bueno, tal vez sea arrogante, pero esperemos verlo en batalla.

Luego de dos semanas de espera, llegó la hora de pelear. Él era bueno, mató a unos cuantos hombres, pero fue decapitado por un descuido. Primer objetivo, fallido.

Seguí con mi búsqueda por unos cuantos días, hasta que encontré un pequeño reino en donde gobernaba una princesa, y decidí enfocarme en ella. Era linda y poseía mucho oro, pero tenía una actitud horrorosa.

Después de estas dos búsquedas fallidas, me tomé un pequeño descanso, el cual no pude conciliar, pues unos golpes de hachas en la corteza de árboles me despertaron.

Al ir a investigar con cautela, me di cuenta que era un joven leñador el que producía aquel ruido.

Me acerqué con cuidado para que no notara mi presencia, pero al parecer no sirvió de mucho, ya que se giró y pudo ver mi rostro escamoso.

Yo esperaba un grito como respuesta, como todos los que me han visto, pero recibí en cambio, unas miradas extrañadas de su parte.

Se intentó acercar a mí, pero se alejó al darle unos cuantos gruñidos de advertencia. Después de unos minutos, me alejé volando: realmente eso había sido raro.

Luego de esa inesperada reacción, me quedé rondando el lugar, por solo la curiosidad de saber de dónde provenía el leñador.

Al parecer, era hijo de una panadera y un herrero muy humildes. No era reconocido por ser fuerte o valiente. Era, en cambio, bondadoso y amable.

Al otro día el leñador me esperó en el mismo lugar en donde nos encontramos, con pájaros y ratas muertas, un festín para los dragones.

Y como no había comido en varios días, ese día comí con ganas.

Luego de acabar mi banquete, el humano empezó a hacer gestos y movimientos extraños, al parecer preguntaba si podría comunicarme de algún modo. Y sí que podía, telepáticamente. Pero para eso se requieren poderes, y los dragones usan el fuego como poder. Pero yo no tenía. Así que me expresé con rayas en el piso.

—Así que...¿sabes dibujar?—preguntó.

¿Dibujar? ¿Qué es eso? ¿Se come? Pregunté para mis adentros.

Luego de horas “dibujando” o algo así, pude desarrollar la capacidad de comunicarme telepáticamente. Y así fue mucho más fácil poder hablar. Nos comunícamos, y nos entendimos: al parecer ya encontré mi alma.

Finalmente, el poder entendernos y sentir un afecto mutuo, salimos por más aventuras.

¡Pero esa es otra historia!

Comentarios


2016, Colegio Cholguán. Región del Bio Bío, Provincia de Ñuble. Yungay, Chile

bottom of page